Grupo de Investigación UCM (ref. 971672) sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid (España).
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Rajoy miente, y ¿qué?

El presidente declarará como testigo en el juicio del caso Gürtel y tiene obligación de decir verdad
Cristina Fallarás 

23 de Julio de 2017
-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Así como el más vil de los escritores tiene sus lectores, así la más grande de las mentiras tiene sus creyentes; y sucede a menudo que, si una mentira es creída por sólo una hora, ha realizado ya su tarea y no hay más tarde ocasión de desmentirla.
(En El arte de la mentira política, panfleto atribuido a Jonathan Swift y John Arbuthnot)

Mariano Rajoy, durante un mitin de campaña electoral en Santander
Diego Crespo
Usted sabe que el presidente del Gobierno de España miente. No cabe escándalo sobre esta afirmación. A estas alturas, pocos son los ciudadanos que no lo sepan. Rajoy miente, además de no decir la verdad. Son dos cosas distintas. Que Rajoy miente ha quedado demostrado en medios de comunicación y tribunales, pero también por el sencillo ejercicio de superponer sus propias afirmaciones. En cuanto a que Rajoy no dice la verdad, basta con repasar sus múltiples “no lo sé”, “no lo recuerdo” o “no me consta”.
Viene esto al caso, porque este miércoles 26 de julio el “ciudadano” Rajoy está llamado a declarar como testigo en el juicio del caso Gürtel. Según el Código Penal español, como testigo tiene obligación de decir verdad. O sea, no solo de no mentir, sino de decir verdad. Son cosas distintas.
En el Artículo 458 del Código Penal se afirma: “El testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial, será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses”. En el 460 se añade, y esto podría resultar sustancial en caso de mediar voluntad: “Cuando el testigo, perito o intérprete, sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le fueran conocidos, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses y, en su caso, de suspensión de empleo o cargo público, profesión u oficio, de seis meses a tres años”.
Las reticencias, las inexactitudes, y el silenciado de hechos o datos relevantes podrían dibujar un buen retrato.

El retrato
El 3 de febrero de 2013 Rajoy pronunció una de sus frases más conocidas, quizás sólo superada en su propia contradicción por los pagos en diferido de María Dolores de Cospedal.
En Berlín, de pie ante la prensa, junto a la canciller alemana Angela Merkel, afirmó: “Desde luego, todo lo que se refiere a mí, y que figura allí, y a los compañeros de partido mío que figuran allí, no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación. O, dicho de otra manera, es total y absolutamente falso”.

Un par de semanas atrás, el 18 de enero, el diario El Mundo había publicado: “Bárcenas pagó sobresueldos en negro durante años a parte de la cúpula del PP”. El 31 de ese mismo mes, solo tres días antes de la declaración del presidente, El País publicaba los llamados “Papeles de Bárcenas”.
O sea, que Rajoy afirmaba que lo publicado era verdad –“salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación”–, para aseverar acto seguido que era “total y absolutamente falso”. Se trata solo de un ejemplo, ya que todo el ejercicio de Rajoy como presidente está trufado de afirmaciones de este tipo, donde las contradicciones se alternan con el absurdo.
Sin embargo, en la declaración de Mariano Rajoy como testigo, más que las inexactitudes o los silencios, pesa la posibilidad de la mentira.

La mentira
De nuevo se trata solo de un ejemplo, y también del más relevante. Si bien sobre el presidente del PP cunden las acusaciones de mentir en campaña electoral o en los debates sobre el estado de la nación, así como las sospechas referentes a cobros y pagos en B, hay un caso del que no cabe duda: el que rodea al archiconocido SMS que Rajoy envió a Luis Bárcenas.
En las fechas está la clave.
El 18 de enero de 2013, el hoy presidente del Gobierno envió un SMS a Luis Bárcenas donde se leía: “Luis. Lo entiendo. Sé fuerte”. El ex tesorero del PP ya había sido imputado en el caso Gürtel, ya se había dado de baja del PP, ya había renunciado a su escaño como senador, y la Audiencia Nacional había reabierto su caso después de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) lo archivara “por falta de pruebas”.
En todo lo enumerado en el párrafo anterior no media la mentira. En esto sí: Justo una semana después de enviado el SMS, el 25 de enero, Rajoy aseguró a la prensa que no recordaba la última vez que había hablado con Bárcenas. Todavía faltaban meses para que El Mundo publicara la noticia de los mensajes telefónicos.
Pero no fue el único embuste sobre este tema. El presidente volvió a mentir, esta vez en sede parlamentaria.
Justo una semana después de enviado el SMS, el 25 de enero, Rajoy aseguró a la prensa que no recordaba la última vez que había hablado con Bárcenas. Faltaban meses para que se publicara la noticia de los mensajes telefónicos
Durante el pleno sobre Bárcenas que se celebró en el Congreso de los Diputados el 1 de agosto de 2013, el presidente afirmó a modo de disculpa: “Creí en la inocencia de esta persona, como creería en la de cualquiera de ustedes que se encontrara en un trance semejante, mientras los hechos no desvirtuaran esa presunción de inocencia. (…) Creí en su inocencia. Lo hice hasta el momento en que, a los cuatro años de iniciadas las investigaciones, llegaron datos que confirmaban la existencia de cuentas millonarias en Suiza, no declaradas a la Hacienda Pública, a nombre del señor Bárcenas”.
Mucho se podría detallar del apoyo del PP en general y de Rajoy en particular a Bárcenas, que incluye el pago de abogados y sueldo una vez “fuera” del partido. Sin embargo, si una se ciñe a la referencia del presidente en el Parlamento, la mentira es incontestable: El 16 de enero de 2013 se hizo pública la noticia de que Suiza había comunicado a la Audiencia Nacional que Luis Bárcenas había llegado a tener hasta 22 millones de euros en varias cuentas allí. Rajoy envió el SMS donde le pedía “Sé fuerte” el día 18 de enero de 2013, o sea, dos días después de conocida la noticia.
Es decir, cuando Rajoy explica que envía un SMS de apoyo y aliento a Luis Bárcenas porque no conocía “la existencia de cuentas millonarias en Suiza”, miente. Miente como un bellaco. Hacía un par de días que lo sabía. Resulta, además, sorprendente la soltura o impunidad con la que deja caer tales falsedades, cuando un golpe de hemeroteca basta para dejarlas en evidencia.
Cuando Rajoy explica que envía un SMS de apoyo a Bárcenas porque no conocía “la existencia de cuentas millonarias en Suiza”, miente. Miente como un bellaco
Sirva, pues, la mentira tejida en torno a los famosos SMS como ejemplo de lo que es capaz de afirmar el presidente Rajoy a la hora de justificar la corrupción que ha rodeado sus mandatos. Y el papel que ha jugado en ella.
Sin embargo, el Tribunal no lo llama a testificar como presidente del Gobierno, sino como “ciudadano”.

El ciudadano
El ciudadano Mariano Rajoy Brey nació en Santiago de Compostela en 1955, y 26 años después ya era diputado en el Parlamento gallego por Alianza Popular, partido fundado por su padrino, Manuel Fraga. Desde entonces ha recorrido un camino político uniforme y pertinaz: presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra (1983-1986), vicepresidente de la Junta de Galicia (1986-1987), vicesecretario general del PP (1990-2003), ministro de Administraciones Públicas (1996-1999), ministro de Educación y Cultura (1999-2000), vicepresidente primero del Gobierno (2000-2003), ministro de la Presidencia (2000-2001/2002-2003), ministro del Interior (2001-2002), portavoz del Gobierno (2002-2003), secretario general del PP (2003-2004), presidente del PP desde 2004 y presidente del Gobierno de España desde 2011.
En cuanto al juicio que nos ocupa, el actual presidente del Gobierno ha insistido siempre en que la distancia entre él y Francisco Correa, cabecilla de la Gürtel, es sideral. De hecho, existe un cierto consenso en los medios de comunicación a la hora de negar cualquier relación entre ambos.
En este sentido, cabe recordar que fue Mariano Rajoy, personalmente, quien colocó a Luis Bárcenas como tesorero del PP. Corría el año 2008. Cuando lo hizo, Rajoy sabía que Bárcenas llevaba una década haciendo negocios con el jefe de la Gürtel, también conocido como Don Vito. Entre otras cosas, porque mientras Correa saqueaba (presuntamente) las arcas públicas, Rajoy fue ministro de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, de la Presidencia, de Interior, vicepresidente del Gobierno y presidente del PP. Pero también porque la presencia de Correa en la sede de Génova era prácticamente diaria, más allá de haber ejercido de padrino en la boda de la hija de José María Aznar con su amigo Alejandro Agag.
En cuanto a la financiación ilegal y la corrupción en campañas electorales, en informaciones conocidas hace solo un par de meses la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil aporta pruebas contundentes de que la campaña de Rajoy de 2008 fue financiada de forma fraudulenta, a base de cursos de formación inexistentes.

A quién le importa
Este mismo mes de julio, el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, afirmaba: “Es una declaración como testigo, creo que es importante recalcarlo, en la que siempre hemos dicho que creemos que va a aportar muy poco”.
Usted sabe que Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España, miente. Además, no dice verdad. Todos los hechos relatados en este artículo son de sobras conocidos por los españoles, hasta el punto de haberse convertido en objeto de chanza, y suponen solo un par de ejemplos. Sin embargo, este ciudadano llamado a declarar como testigo tiene obligación de decir verdad ante el Tribunal que juzga una parte del caso Gürtel.
Cabe preguntarse por qué un presidente del Gobierno que ha mentido ante los medios de comunicación, ante el Congreso de los Diputados y, por lo tanto, ante todos los ciudadanos, iba a dejar de hacerlo ante un tribunal.
Cabe preguntarse también, visto lo visto, a quién iba a importarle. Hasta este momento, y siendo de todos conocido, no parece haber hecho mella alguna. Y, en este sentido, efectivamente “va a aportar muy poco”.