Grupo de Investigación UCM (ref. 971672) sobre Psicología del Testimonio.
Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid (España).
Investigador principal: Antonio L. Manzanero.

Introducción

La Psicología del Testimonio trata de la aplicación de los conocimientos sobre los procesos psicólogicos básicos (atención, percepción, memoria y procesos afines) a la obtención y valoración de la prueba testifical.
En sus inicios, la Psicología del Testimonio surge como un intento de estudiar la Psicología de la Memoria y la Percepción en entornos cotidianos. Por ello, su desarrollo discurre paralelamente al de la Psicología Experimental. Autores como Stern, Münsterberg, Binet o Whipple fueron pioneros en la realización de las principales investigaciones en el área, a finales del siglo XIX y principios del XX. Desde entonces y hasta nuestros días el desarrollo de la Psicología del Testimonio vendrá determinado por los avances teóricos y metodológicos de la Psicología Experimental. De este modo, podemos hablar de tres épocas en la historia de la Psicología del Testimonio: a) una primera época de inicio hasta los años 30-40 del siglo XX, donde se perfilan los principales tópicos de la disciplina; b) una época de crisis hasta los años 60, donde perdura casi en exclusiva el interés por los factores conductuales asociados a la credibilidad de los testimonios; y c) una época de renacimiento y pleno apogeo con los paradigmas del Procesamiento de la Información, desde los años 60 hasta nuestros días, donde el interés por la psicología del testimonio crece exponencialmente, situándose de nuevo en un lugar destacado en los estudios aplicados de la psicología de la atención, la percepción y la memoria. Así, hoy en día la psicología del testimonio genera interesantes temas de estudio como el del efecto de la información sugerida, la distinción del origen de los recuerdos o los factores de influencia en la percepción y el reconocimiento de personas.
Por otro lado, la creciente demanda forense en el sistema de justicia y la especialización de los cuerpos de seguridad en la prevención y persecución de delitos hacen de la Psicología del Testimonio una especialidad muy demandada, como lo muestra el hecho de que desde principios de los 90 hasta nuestros días se hayan multiplicado las actuaciones periciales en los juzgados, sobre aspectos relacionados con los factores de influencia en la exactitud de las declaraciones e identificaciones. Progresivamente la formación en Psicología del Testimonio se ha incorporado al currículo de abogados, magistrados, policías y todas aquellas personas relacionadas con la administración de la justicia.

Nuevo número del Anuario de Psicología Jurídica 2017




Vol. 27. Núm. 1. 2017 Páginas 1-130
Vulneración de las órdenes de protección por parte de hombres condenados previamente por violencia de pareja
María Josefa Herrera, Pedro J. AmorAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 1-8Resumen - Texto Completo - PDF
El sexismo como predictor de la violencia de pareja en un contexto multicultural
Ainara Arnoso, Izaskun Ibabe, Maitane Arnoso, Edurne ElgorriagaAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 9-20Resumen - Texto Completo - PDF
Modelo ENCUIST: aplicación al perfilado criminal
Lucía Halty, José Luis González, Andrés SotocaAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 21-31Resumen - Texto Completo - PDF
Agresores sexuales juveniles: tipología y perfil psicosocial en función de la edad de sus víctimas
Carlos Benedicto, David Roncero, Luis GonzálezAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 33-42Resumen - Texto Completo - PDF
Análisis comparativo de la percepción de la conducta violenta grupal por parte de jóvenes agresores y no agresores residentes en la Comunidad de Madrid (España)
María Jesús Martín, José Manuel Martínez, Rubén García-Sánchez, Begoña Aramayona, Carmen Almendros, Cristina JiménezAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 43-50Resumen - Texto Completo - PDF
Propiedades psicométricas del cuestionario de personalidad EPQ-A en una muestra de adolescentes hispanohablantes
Miguel Ángel Alcázar-Córcoles, Antonio Verdejo-García, José Carlos Bouso-Sáiz, Javier Revuelta-Menéndez, Ezequiel Ramírez-LiraAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 51-6Resumen - Texto Completo - PDF
Psychopathy: Legal and neuroscientific aspects
Joaquin Ortega-Escobar, Miguel Ángel Alcázar-Córcoles, Leopoldo Puente-Rodríguez, Enrique Peñaranda-RamosAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 57-66Resumen - Texto Completo - PDF
Escala de Gravedad de Síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático según el DSM-5: versión forense (EGS-F)
Enrique Echeburúa, Pedro J. Amor, José Manuel Muñoz, Belén Sarasua, Irene ZubizarretaAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 67-77Resumen - Texto Completo - PDF
Stability of autobiographical memory in young people with intellectual disabilities
Claudia Morales, Antonio L. Manzanero, Alina Wong, Mar Gómez-Gutiérrez, Ana M. Iglesias, Susana Barón, Miguel ÁlvarezAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 79-84Abstract - Full text - PDF
Age-related differences in the phenomenal characteristics of long-term memories of March 11, 2004 terrorist attack
Rocío Vallet, Antonio L. Manzanero, Javier Aróztegui, Rubén García ZurdoAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 85-93Abstract - Full text - PDF
Cognición, emoción y mentira: implicaciones para detectar el engaño
Iris Blandón-Gitlin, Rafael M. López, Jaume Masip, Elise FennAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 95-106Resumen - Texto Completo - PDF
Custodia compartida, corresponsabilidad parental y justicia terapéutica como nuevo paradigma
Francisca Fariña, Dolores Seijo, Ramón Arce, Ma José VázquezAnuario de Psicología Jurídica 27 (2017) 107-13Resumen - Texto Completo - PDF

Rajoy miente, y ¿qué?

El presidente declarará como testigo en el juicio del caso Gürtel y tiene obligación de decir verdad
Cristina Fallarás 

23 de Julio de 2017
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Así como el más vil de los escritores tiene sus lectores, así la más grande de las mentiras tiene sus creyentes; y sucede a menudo que, si una mentira es creída por sólo una hora, ha realizado ya su tarea y no hay más tarde ocasión de desmentirla.
(En El arte de la mentira política, panfleto atribuido a Jonathan Swift y John Arbuthnot)

Mariano Rajoy, durante un mitin de campaña electoral en Santander
Diego Crespo
Usted sabe que el presidente del Gobierno de España miente. No cabe escándalo sobre esta afirmación. A estas alturas, pocos son los ciudadanos que no lo sepan. Rajoy miente, además de no decir la verdad. Son dos cosas distintas. Que Rajoy miente ha quedado demostrado en medios de comunicación y tribunales, pero también por el sencillo ejercicio de superponer sus propias afirmaciones. En cuanto a que Rajoy no dice la verdad, basta con repasar sus múltiples “no lo sé”, “no lo recuerdo” o “no me consta”.
Viene esto al caso, porque este miércoles 26 de julio el “ciudadano” Rajoy está llamado a declarar como testigo en el juicio del caso Gürtel. Según el Código Penal español, como testigo tiene obligación de decir verdad. O sea, no solo de no mentir, sino de decir verdad. Son cosas distintas.
En el Artículo 458 del Código Penal se afirma: “El testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial, será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses”. En el 460 se añade, y esto podría resultar sustancial en caso de mediar voluntad: “Cuando el testigo, perito o intérprete, sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes que le fueran conocidos, será castigado con la pena de multa de seis a doce meses y, en su caso, de suspensión de empleo o cargo público, profesión u oficio, de seis meses a tres años”.
Las reticencias, las inexactitudes, y el silenciado de hechos o datos relevantes podrían dibujar un buen retrato.

El retrato
El 3 de febrero de 2013 Rajoy pronunció una de sus frases más conocidas, quizás sólo superada en su propia contradicción por los pagos en diferido de María Dolores de Cospedal.
En Berlín, de pie ante la prensa, junto a la canciller alemana Angela Merkel, afirmó: “Desde luego, todo lo que se refiere a mí, y que figura allí, y a los compañeros de partido mío que figuran allí, no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación. O, dicho de otra manera, es total y absolutamente falso”.

Un par de semanas atrás, el 18 de enero, el diario El Mundo había publicado: “Bárcenas pagó sobresueldos en negro durante años a parte de la cúpula del PP”. El 31 de ese mismo mes, solo tres días antes de la declaración del presidente, El País publicaba los llamados “Papeles de Bárcenas”.
O sea, que Rajoy afirmaba que lo publicado era verdad –“salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación”–, para aseverar acto seguido que era “total y absolutamente falso”. Se trata solo de un ejemplo, ya que todo el ejercicio de Rajoy como presidente está trufado de afirmaciones de este tipo, donde las contradicciones se alternan con el absurdo.
Sin embargo, en la declaración de Mariano Rajoy como testigo, más que las inexactitudes o los silencios, pesa la posibilidad de la mentira.

La mentira
De nuevo se trata solo de un ejemplo, y también del más relevante. Si bien sobre el presidente del PP cunden las acusaciones de mentir en campaña electoral o en los debates sobre el estado de la nación, así como las sospechas referentes a cobros y pagos en B, hay un caso del que no cabe duda: el que rodea al archiconocido SMS que Rajoy envió a Luis Bárcenas.
En las fechas está la clave.
El 18 de enero de 2013, el hoy presidente del Gobierno envió un SMS a Luis Bárcenas donde se leía: “Luis. Lo entiendo. Sé fuerte”. El ex tesorero del PP ya había sido imputado en el caso Gürtel, ya se había dado de baja del PP, ya había renunciado a su escaño como senador, y la Audiencia Nacional había reabierto su caso después de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) lo archivara “por falta de pruebas”.
En todo lo enumerado en el párrafo anterior no media la mentira. En esto sí: Justo una semana después de enviado el SMS, el 25 de enero, Rajoy aseguró a la prensa que no recordaba la última vez que había hablado con Bárcenas. Todavía faltaban meses para que El Mundo publicara la noticia de los mensajes telefónicos.
Pero no fue el único embuste sobre este tema. El presidente volvió a mentir, esta vez en sede parlamentaria.
Justo una semana después de enviado el SMS, el 25 de enero, Rajoy aseguró a la prensa que no recordaba la última vez que había hablado con Bárcenas. Faltaban meses para que se publicara la noticia de los mensajes telefónicos
Durante el pleno sobre Bárcenas que se celebró en el Congreso de los Diputados el 1 de agosto de 2013, el presidente afirmó a modo de disculpa: “Creí en la inocencia de esta persona, como creería en la de cualquiera de ustedes que se encontrara en un trance semejante, mientras los hechos no desvirtuaran esa presunción de inocencia. (…) Creí en su inocencia. Lo hice hasta el momento en que, a los cuatro años de iniciadas las investigaciones, llegaron datos que confirmaban la existencia de cuentas millonarias en Suiza, no declaradas a la Hacienda Pública, a nombre del señor Bárcenas”.
Mucho se podría detallar del apoyo del PP en general y de Rajoy en particular a Bárcenas, que incluye el pago de abogados y sueldo una vez “fuera” del partido. Sin embargo, si una se ciñe a la referencia del presidente en el Parlamento, la mentira es incontestable: El 16 de enero de 2013 se hizo pública la noticia de que Suiza había comunicado a la Audiencia Nacional que Luis Bárcenas había llegado a tener hasta 22 millones de euros en varias cuentas allí. Rajoy envió el SMS donde le pedía “Sé fuerte” el día 18 de enero de 2013, o sea, dos días después de conocida la noticia.
Es decir, cuando Rajoy explica que envía un SMS de apoyo y aliento a Luis Bárcenas porque no conocía “la existencia de cuentas millonarias en Suiza”, miente. Miente como un bellaco. Hacía un par de días que lo sabía. Resulta, además, sorprendente la soltura o impunidad con la que deja caer tales falsedades, cuando un golpe de hemeroteca basta para dejarlas en evidencia.
Cuando Rajoy explica que envía un SMS de apoyo a Bárcenas porque no conocía “la existencia de cuentas millonarias en Suiza”, miente. Miente como un bellaco
Sirva, pues, la mentira tejida en torno a los famosos SMS como ejemplo de lo que es capaz de afirmar el presidente Rajoy a la hora de justificar la corrupción que ha rodeado sus mandatos. Y el papel que ha jugado en ella.
Sin embargo, el Tribunal no lo llama a testificar como presidente del Gobierno, sino como “ciudadano”.

El ciudadano
El ciudadano Mariano Rajoy Brey nació en Santiago de Compostela en 1955, y 26 años después ya era diputado en el Parlamento gallego por Alianza Popular, partido fundado por su padrino, Manuel Fraga. Desde entonces ha recorrido un camino político uniforme y pertinaz: presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra (1983-1986), vicepresidente de la Junta de Galicia (1986-1987), vicesecretario general del PP (1990-2003), ministro de Administraciones Públicas (1996-1999), ministro de Educación y Cultura (1999-2000), vicepresidente primero del Gobierno (2000-2003), ministro de la Presidencia (2000-2001/2002-2003), ministro del Interior (2001-2002), portavoz del Gobierno (2002-2003), secretario general del PP (2003-2004), presidente del PP desde 2004 y presidente del Gobierno de España desde 2011.
En cuanto al juicio que nos ocupa, el actual presidente del Gobierno ha insistido siempre en que la distancia entre él y Francisco Correa, cabecilla de la Gürtel, es sideral. De hecho, existe un cierto consenso en los medios de comunicación a la hora de negar cualquier relación entre ambos.
En este sentido, cabe recordar que fue Mariano Rajoy, personalmente, quien colocó a Luis Bárcenas como tesorero del PP. Corría el año 2008. Cuando lo hizo, Rajoy sabía que Bárcenas llevaba una década haciendo negocios con el jefe de la Gürtel, también conocido como Don Vito. Entre otras cosas, porque mientras Correa saqueaba (presuntamente) las arcas públicas, Rajoy fue ministro de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, de la Presidencia, de Interior, vicepresidente del Gobierno y presidente del PP. Pero también porque la presencia de Correa en la sede de Génova era prácticamente diaria, más allá de haber ejercido de padrino en la boda de la hija de José María Aznar con su amigo Alejandro Agag.
En cuanto a la financiación ilegal y la corrupción en campañas electorales, en informaciones conocidas hace solo un par de meses la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil aporta pruebas contundentes de que la campaña de Rajoy de 2008 fue financiada de forma fraudulenta, a base de cursos de formación inexistentes.

A quién le importa
Este mismo mes de julio, el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo, afirmaba: “Es una declaración como testigo, creo que es importante recalcarlo, en la que siempre hemos dicho que creemos que va a aportar muy poco”.
Usted sabe que Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España, miente. Además, no dice verdad. Todos los hechos relatados en este artículo son de sobras conocidos por los españoles, hasta el punto de haberse convertido en objeto de chanza, y suponen solo un par de ejemplos. Sin embargo, este ciudadano llamado a declarar como testigo tiene obligación de decir verdad ante el Tribunal que juzga una parte del caso Gürtel.
Cabe preguntarse por qué un presidente del Gobierno que ha mentido ante los medios de comunicación, ante el Congreso de los Diputados y, por lo tanto, ante todos los ciudadanos, iba a dejar de hacerlo ante un tribunal.
Cabe preguntarse también, visto lo visto, a quién iba a importarle. Hasta este momento, y siendo de todos conocido, no parece haber hecho mella alguna. Y, en este sentido, efectivamente “va a aportar muy poco”.

Elizabeth Loftus: “Tus recuerdos son como Wikipedia, se pueden modificar”


Ha hecho del escepticismo su actitud profesional. Los experimentos que ha llevado a cabo desde la década de los setenta para demostrar que se puede distorsionar la memoria han revolucionado la psicología forense.
Por Pablo Ximénez de Sandoval
12 MARZO 2017




Pocos testimonios puede haber tan impactantes como el de una persona que recuerda abusos sexuales sufridos en su infancia. Uno tiende a ponerse inmediatamente de parte de la víctima. Por eso pocas posiciones científicas puede haber más arriesgadas que decir: no me lo creo. Y ponerse a investigar.
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Elizabeth Loftus. Kyle Monk
Elizabeth Loftus (Los Ángeles, California, 1944) lleva cuatro décadas estudiando la fiabilidad de los recuerdos. En sus experimentos ha demostrado que se puede convencer a la gente, por ejemplo, de que una vez se perdieron en un centro comercial y lo pasaron muy mal. O de que vieron una señal de tráfico que nunca estuvo allí. En los años noventa surgió un nuevo desafío cuando comenzó a utilizarse ampliamente en terapia el concepto freudiano de los recuerdos reprimidos. De pronto empezaron a surgir casos en los que personas adultas descubrían que habían sufrido abusos sexuales de niños. Los recordaban con sorprendente detalle a pesar de no haber sido conscientes de ellos hasta ese momento. Loftus, una especie de escéptica oficial dentro de la psicología forense, ­advirtió contra estas prácticas. Con esa capacidad que tienen los norteamericanos para crear eslóganes, a aquello se le llamó las guerras de la memoria (the memory wars).
De ellas emergió Elizabeth Loftus como una de las voces más respetadas en su campo. Trabaja en un ­sencillo despacho del departamento de Ecología Social de la Universidad de California en Irvine, al sur de Los Ángeles. Conduce un Mercedes de 1985 y en su oficina te reciben unas fotocopias de retratos de Mick Jagger. Se mudó aquí después de que la Universidad de Washington en Seattle se negara a publicar su trabajo más famoso: ¿Quién abusó de Jane Doe? En él, ella y un colega destruían metódicamente, pieza a pieza, un famoso trabajo sobre uno de esos casos en los que, a través de terapia, una mujer había recordado abusos sexuales a los que le había sometido su madre en la bañera cuando era niña. “Si he aprendido algo es que solo porque alguien recuerde algo con mucho detalle y te lo cuente con emoción no significa que pasara de verdad”, defiende. El artículo, publicado en 2002, es una lectura policiaca fascinante, pero tan arriesgada en su momento que le costó su puesto en Seattle.


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Después de más de cuatro décadas jugando con recuerdos en un laboratorio, Loftus resume su trabajo en una idea: “Tu memoria se parece a un artículo de Wikipedia. Tú la puedes modificar, y los demás también”.
¿Cómo define su campo de estudio? Soy psicóloga. Me dedico a la psicología cognitiva y estudio la memoria humana. Me he especializado en el campo de los falsos recuerdos.
Si le preguntan en una fiesta, ¿eso es lo que dice? Digo que estudio la memoria, pero entonces enseguida me quieren hablar de un familiar que ha tenido alzhéimer, y les explico que no, que no es eso. Yo estudio a personas que recuerdan cosas que no han sucedido, no a los que no pueden recordar.
Empecemos por casos como el de Jane Doe. ¿Hay elementos que hacen sospechar siempre? Sí. Cuando el recuerdo va de cero a cien. Por ejemplo, cuando la ­persona empieza la terapia con un problema, como un desorden alimentario, pero no habla para nada de abusos sexuales en la infancia. El terapeuta comienza entonces una serie de sesiones en las que trata de encontrar señales de abusos, bajo la presunción de que quizá estos ­desórdenes estén provocados por algo que el paciente ha olvidado, y en ese momento afloran años de brutalidades supuestamente enterradas en el subconsciente. Eso me hace sospechar.
¿Entonces no existen los recuerdos reprimidos? Lo que se asegura en estos casos es demasiado extremo. Cuando alguien de 18 o 19 años de repente rememora que durante 11 sufrió abusos y fue forzado a tener relaciones con el perro…, ¿con una pequeña droga de pronto accede a esta información? Si alguien dice que no había pensado en ello durante años y otra persona se lo recordó a partir de una experiencia similar, es algo que puede ocurrir. Pero no llamaría a eso represión.
¿Cómo se implanta un recuerdo falso? Al salir de la universidad hice muchos experimentos sobre cómo se puede alterar la memoria. Dar a la gente detalles erróneos puede alterar lo que recuerda de eventos pasados. Ese fenómeno se conoce como efecto desinformación. Hacíamos creer a las personas, por ejemplo, que se habían perdido en un centro comercial y que habían estado asustados, llorando, hasta que se reunían con su familia. Hicimos una serie de estudios por todo el mundo. Vimos que se podían implantar recuerdos que serían traumáticos si hubieran sucedido de verdad, como haber sido atacado por un animal o sufrido un accidente.
Fotomontaje de la revista Slate en el que aparece el expresidente de EE UU
Barack Obama dando la mano al expresidente iraní
Mahmud Ahmadineyad, algo que jamás ocurrió.

¿Vislumbra un futuro en el que estos conocimientos se puedan usar en la práctica clínica? Creo que es posible. Hemos demostrado que se pueden implantar falsos recuerdos que condicionan el comportamiento posterior. Si te hacen creer que te pusiste malo de pequeño comiendo una determinada cosa, ya no querrás tomarla. Lo veo como una potencial técnica de dieta. También puedo hacerte creer que enfermaste bebiendo vodka para que estés menos interesado en ese alcohol. ¿Sería posible cultivar esta tecnología e implantar recuerdos falsos que ayuden a vivir una vida más feliz y sana? La idea asusta. Alguien podría utilizarla mal.
¿Y borrar recuerdos, como en la película Olvídate de mí [Michel Gondry, 2004]? Hay pruebas clínicas con una droga que te hace olvidar y que se puede usar para quitar un trauma, por ejemplo. Si te ha ocurrido algo horrible, puedes tomarla y alterar tu memoria. Parece que ha funcionado con cierto éxito. Pero hicimos un estudio en el que preguntábamos a la gente sobre algo traumático, como un asalto por la calle, y si estarían dispuestos a tomar una droga que les ofreciera un médico para borrarlo de la memoria. Para mi sorpresa, el 80% dijo que no. Pensamos que quizá querían mantener el recuerdo fresco para testificar en un juicio o perseguir al malo. Entonces cambiamos el escenario. Ya no había malo. La hipótesis era una misión de paz en Afganistán en la que explotaba una mina y veían a un amigo saltar en pedazos. Les llevaban en estado de shock al hospital y un doctor les ofrecía este producto para mitigar sus recuerdos. Pues bien, el 80% dijo que no lo quería. Hicimos otro experimento en el que explicábamos lo grave que es el estrés postraumático, una dolencia muy debilitadora, y aun así no querían la droga que podía ayudarles a reducir las posibilidades de desarrollar este mal. Incluso cuando se trata de recuerdos muy duros y dolorosos, las personas no desean deshacerse de ellos; no quieren que nadie se los toque.
¿Podemos alterar nuestra memoria nosotros mismos? Sí. Hemos demostrado que la gente recuerda sus notas mejores de lo que eran, creen que votaron en elecciones en las que no participaron, que dieron más a la caridad de lo que en realidad donaron o que sus hijos caminaban y hablaban antes de cuando lo hicieron. No hay una sugestión externa que plante estos recuerdos. Lo hacemos solos. Quizá nos ayuda a vivir una vida más feliz y sentirnos mejor con nosotros mismos.
Buscando razones para el escepticismo, ¿hay un límite de lo que se puede recordar? No sé si esto puede ser clasificado X. Tuve un caso en el que una mujer decía que habían abusado de ella de niña, que le habían metido el tercer dedo por la vagina. Y yo pensaba: ¿quién puede saber cuál era el dedo en una situación así? El nivel de detalle me provocó preguntas. Reconozco que, cuando alguien sale con una acusación de abusos sexuales, sé que hay mucha gente en el mundo que dice: “Oh, Dios mío, pobre víctima, qué persona más horrible el que ha hecho esto”. Yo lo que me pregunto es si es real.
¿Hay falsos recuerdos políticos? ¿Puedes recordar como ciertas cosas que nunca pasaron? Eso es algo que se ­mostró muy bien en un artículo de la revista Slate. Hicieron un experimento con sus lectores. Falsificaron fotografías y preguntaron si la gente había leído sobre ello o conocía ese momento histórico. Muchos dijeron que se acordaban. Por ejemplo, de Obama dando la mano a Ahmadineyad. La gente decía: “Sí, lo recuerdo”, y daba detalles de cómo había sido. Pero era todo Photoshop. Vamos a ver recuerdos falsos en el contexto político. Ahora que ha ganado, habrá gente que recordará que apoyó a Trump desde el principio.Es inevitable relacionar los recuerdos falsos con las noticias falsas y las redes sociales. La información que recibimos está contaminada. Me encontré hace poco un estupendo ejemplo en el que parodias del programa de televisión Saturday Night Live eran recordadas como si fueran reales. Hay una encuesta de gente que está convencida de haber oído a Sarah Palin –candidata a la vicepresidencia de EE UU junto a John McCaine por el Partido Republicano en las elecciones de 2008– decir “puedo ver Rusia desde mi casa” porque lo decía la actriz que la imitaba, Tina Fey. Las noticias falsas van a contribuir a que la gente construya recuerdos y creencias sobre cosas que nunca sucedieron.
¿Cómo podemos prevenirlo? ¿Cómo nos defendemos? No estoy segura. Incluso si educamos a la gente y les advertimos de la distorsión de la memoria, seguirán siendo vulnerables. Pueden disponerse a ser escépticos a corto plazo. Pero no vamos por la vida permanentemente en ese estado. No puedes mantener esa alerta en el primer plano de tu consciencia a todas horas.
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Elizabeth Loftus en su despacho de la Universidad de California (EE UU). Kyle Monk

¿En qué está trabajando ahora? Me hago la pregunta de si todos somos vulnerables. Hay individuos con una memoria extraordinaria de casi todo lo que les ha ocurrido durante su vida adulta. Mis colegas que los estudian los llaman “gente con memoria autobiográfica altamente superior”. Decidimos probar con ellos programas de distorsión de los recuerdos, porque si alguien fuera inmune serían estas personas. Hicimos los experimentos y descubrimos que son igual de vulnerables que los demás a los falsos recuerdos. También investigo el efecto de la privación del sueño. Por ejemplo, interrogando a sospechosos. Durante las pruebas, les dábamos información para memorizar. Unos podían dormir toda la noche y otros no. La gente que no había dormido era más propensa a caer en las sugestiones de falsos recuerdos. Lo que nos lleva a relacionarlo con las confesiones falsas. Los que no habían dormido eran cuatro veces más propensos a reconocer cosas que no habían hecho.
Igual que alguien puede acabar convencido de que le asaltaron, ¿puedes acabar convenciéndote de que hiciste algo que no hiciste? Si preguntas a los expertos, te dirán que hay al menos tres vías hacia una confesión falsa. Una es una enfermedad mental de gente que cuenta cosas porque quiere ser parte de un caso famoso. Luego están los que después de un interrogatorio intenso acaban convencidos de que reconocer el delito es el mal menor. Y los últimos son los que de verdad se convencen de que lo hicieron. Pueden ser entre el 10% y el 20% de las confesiones falsas. Y se parecen a los falsos recuerdos de los acusadores.
Cada vez más nos fiamos de empresas y redes sociales para que pongan en orden nuestros recuerdos. Antes teníamos un par de fotos de algún evento y ahora tenemos mil al mes de cualquier cosa. Y esa información está en manos de otros. ¿Hay algún escenario de pesadilla en el que alguien podría utilizar eso para implantar falsos recuerdos? Se puede. Hay un estudio en el que se muestran varias fotos a los participantes y en una de ellas aparecen con su padre en un globo aerostático. Se trata de una imagen trucada. El 50% cayeron en la sugestión y recordaron un viaje en globo con su padre que nunca había sucedido. Es uno de los primeros ­experimentos que muestra cómo fotografías trucadas ­pueden alterar tus recuerdos. Me preocupa lo que podrían hacer las empresas con ello. Si le enseñamos a alguien una ­imagen de sí mismo con una botella de agua de una marca ­concreta, esa agua le va a gustar más, según ha demostrado una investigación de la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Una red social bien podría tomar las fotos de un usuario y meter algún producto con Photoshop. ¿Qué les impide hacerlo?